domingo, 30 de septiembre de 2007

Comisión Ballenera Internacional (CBI)

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) fue creada en 1946 por los países firmantes de la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas con el propósito de “garantizar la conservación adecuada de las poblaciones de ballenas y, de esta manera, hacer posible el desarrollo ordenado de la industria ballenera”. Su creación fue el resultado de la preocupación de la comunidad internacional ante el grave declive de las poblaciones de ballenas a escala mundial, amenazadas por la presión de las flotas balleneras.

En 1982, la CBI votó a favor del establecimiento en 1986 de una moratoria internacional sobre la caza de ballenas. Tras la entrada en vigor de esta moratoria, tres países desafiaron abiertamente la voluntad de la comunidad internacional de proteger a los grandes cetáceos. En 1987, Japón lanzó su programa de “investigación científica” como respuesta a las presiones para que este país abandonara la caza comercial. En 1993, Noruega sorprendió al mundo al anunciar que reanudaba la caza comercial de ballenas. Y en el año 2003, fue Islandia la que reanudó la actividad anunciando la captura de más de 500 ejemplares, también con fines científicos. En la reunión de la CBI celebrada en Berlín en 2003, se aprobó la Iniciativa de Berlín. Una iniciativa que se basa en el Fortalecimiento de la Agenda de Conservación de la Comisión Ballenera Internacional. Durante el año 2004, la Comisión empezó el trabajo del Comité de Conservación acordado en Berlín. Durante este tiempo, los países favorables a la caza de ballenas, liderados por Japón, han hecho todo lo posible para debilitar el trabajo de este comité, orientar su mandato hacia la explotación de las ballenas, o evitar que cuente con los medios y presupuestos adecuados. El trabajo de este Comité es fundamental para tratar de hacer de la CBI un organismo orientado a la conservación de los cetáceos en lugar de a su explotación. En contrapartida, los países conservacionistas, con la ayuda de diversas organizaciones ambientalistas, realizan esfuerzos para salvar a las ballenas de la extinción y han podido establecer ciertos mecanismos. El de más reciente creación es el Santuario Ballenero Austral (SBA), un área marina que circunda la Antártida y en la cual está prohibida la caza comercial de las ballenas. La resolución de crear el SBA fue aprobada por una mayoría abrumadora, con el único voto disidente de Japón. Los japoneses dejaron constancia de su objeción, y continúan cazando ballenas dentro del Santuario antártico. La justificación para ello es que no se trata de caza comercial, sino científica. Pero la CBI considera que el programa de "caza científica" japonés "no satisface necesidades críticas de investigación para el manejo de la caza ballenera en el Océano Austral", por cual es innecesario y debe detenerse. En la reunión anual de la CBI en el año 2006, mediante una votación informal y sin ningún sustento científico, las naciones a favor de la matanza de ballenas aprobaron una resolución que culpa a los cetáceos de acabar con las pesquerías y poner en riesgo la salud alimenticia de las poblaciones costeras. Dicha resolución pone en riesgo el Santuario Ballenero Austral, que ha estado amenazado durante casi dos décadas por la Agencia de Pesquerías de Japón, que en más reciente temporada de cacería decidió unilateralmente matar casi mil ballenas, con permisos "científicos" autoconcedidos.Para poder revertir la moratoria internacional, las tres cuartas partes de los países miembros de la CBI deben aprobar esta moción. Si Japón continúa con su trabajo político de seducción para que nuevos países se integren a la CBI y voten a favor de la caza de ballenas, la moratoria corre un alto riesgo.Por todas las razones mencionadas es que Greenpeace ha incrementado su trabajo político y público a nivel internacional y ha decidió nuevamente enviar uno de sus barcos al Santuario Ballenero Austral con 38 tripulantes a bordo dispuestos a interponerse una vez más entre el arpón y la ballena.

Campaña 2007

Durante el año 2006 Greenpeace se propuso como objetivo que las compañías multinacionales balleneras dejaran de ser cómplices de esta actividad subsidiada por el Gobierno Japonés.Después de dos meses de acciones en Mar y seis meses de múltiples campañas de presión por parte de los consumidores en todo el mundo hacia las compañías que financiaban la caza de ballenas, Nissui, propietaria de una tercera parte de Kyodo Senpaku, empresa dueña a su vez de la flota ballenera, abandonó el negocio definitivamente.Si bien esto no puso fin al programa de “caza científica” llevado a cabo por Japón, demostró que no existe interés en la caza de ballenas desde el punto de vista comercial y que no hay justificación para esta caza. Esto nos permitió nuevamente poder direccionar toda la presión hacia el Gobierno de Japón, ahora aún más, el principal responsable de la caza de ballenas. Greenpeace siempre sostuvo que la presión del público es la que termina haciendo el mayor aporte en la resolución estos conflictos internacionales. Por esta razón ideamos para el año 2007 una campaña de involucramiento masivo. Se creó una comunidad virtual “I Go” que busca formar la “tripulación virtual” más grande en la historia de la organización. Sus integrantes pueden proponer y desarrollar sus ideas propias para realizar campañas globales contra la caza de ballenas. La principal herramienta de esta comunidad es su sitio web (http://whales.greenpeace.org/), donde sus registrados pueden intercambiar ideas, armar sus páginas personales, idear sus propias campañas e invitar a quienes quieran participar de la acción.Con esto se está buscando que todos lo que quieran colaborar para salvar a las ballenas puedan hacerlo en tiempo real. La consigna es que los proyectos sean creativos y que su espíritu sea el de la acción directa no violenta, que no ataquen al pueblo japonés (que, en su mayoría, se opone a la caza de ballenas) y que sirva como un llamado de atención a nivel mundial sobre este tema.

La Expedición

Greenpeace defendiendo a las ballenas es una antigua batalla que en algún momento se creyó ganada pero que los acontecimientos hicieron que hoy hayamos tenido que salir a defenderlas nuevamente. Y qué mejor lugar que las aguas que rodean a la Antártida, protegiendo en sus áreas de alimentación a las tres cuartas partes de las ballenas del mundo.En el año 1987 el Gobierno de Japón creó el Programa Japones de Investigación en la Antártida y gestiona la caza de ballenas a través del Instituto de Investigación de Cetáceos alegando que las ballenas cazadas son sometidas a estudios científicos necesarios para el control y cuidado de las poblaciones de ballenas en todo el mundo. Este instituto nació como una fundación sin fines de lucro con donaciones de la industria ballenera de 10 millones de dólares. A través de este organismo el gobierno japonés encontró la manera de salir a la caza con el mismo barco factoría, y los mismos barcos arponeros tripulados por las mismas personas que cuando lo hacían con fines comerciales. Los propios medios de comunicación de Japón informaron que la captura científica era un medio para mantener viva la industria hasta encontrar la forma de revertir la decisión de aplicar una moratoria.Cuando en la sesión anual del 2005 de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) Japón anunció que duplicaría la cuota de ballenas, inmediatamente se decidió duplicar nuestros recursos para salir a enfrentarlos a nuestro modo pacífico. El número ascendió a 935 ballenas Minke, 10 ballenas de aleta (la segunda especie mas grande del planeta) y amenazaron con agregar 50 ballenas jorobadas para la temporada 2006/2007. Después de meses de preparación, dos de nuestros barcos el “Esperanza” y el rompehielos “Arctic Sunrise” partieron con rumbo hacia el Sur el pasado 20 de Noviembre del 2005 desde Cuidad del Cabo. Los barcos estuvieron equipados con tecnología en comunicaciones de última generación y con algunas de sus herramientas ya conocidas como sus gomones, banderas y demás recursos que normalmente utiliza para documentar y detener estos crímenes. El 21 de Diciembre, a un mes de haber partido de Ciudad del Cabo, y después de intensos días de búsqueda, encontramos a la flota ballenera cazando ballenas dentro de los límites del Santuario Ballenero Austral.Todas las noches, tanto el Esperanza como el Arctic Sunrise, se posicionaban próximos a uno de los tres buques arponeros. A la madrugada en cuanto el buque comenzaba a moverse inmediatamente entrábamos en acción y posicionamos a los gomones entre le arpón y la ballena.Nuestro presencia en el lugar tenía dos importantes desafíos. El primero fue evitar la caza indiscriminada de ballenas con el recurso que solemos utilizar: nuestro cuerpo. Los más de 30 años en esta campaña nos enseñaron que ha sido la manera más eficiente para frenar el disparo de los arpones. El segundo desafío era que las empresas que financian la caza de ballenas dejaran de invertir dinero en este negocio. Y para ello, el poder de los consumidores fue esencial. Banderas con logos de las empresas responsables eran expuestas frente a cada uno de los cadáveres de ballenas que no escapaban al filo del arpón. Estas imágenes recorrieron el mundo y se alcanzaron objetivos importantísimos. El ocho de Enero del 2006, la flota ballenera fue sorprendida descargando paquetes de carne de ballena del buque factoría a un buque de aprovisionamiento para luego ser llevados al mercado Japonés. Nuestros activistas entraron en acción y pintaron en el casco del buque “carne de ballena proveniente del Santuario”. Esto enfureció al capitán y, arriesgando la vida de los tripulantes, colisionó el buque Japonés contra el barco de Greenpeace Arctic Sunrise. Por fortuna los daños fueron menores, pero la imprudencia de este capitán, y la de varios de los tripulantes que agredieron a los activistas en cuanto tuvieron oportunidad, fue una clara señal de los intereses que hay en juego en este negocio criminal. Durante 74 días ambos barcos recorrieron 14,500 millas náuticas con una tripulación de 57 personas de 20 nacionalidades diferentes. Nuestra flota y sus tripulantes confrontaron durante 28 días a una flota de 6 balleneros japoneses. Estuvieron sometidos a condiciones meteorológicas alarmantes, climas extremos y poniendo su vida en riesgo diariamente.Logramos que en 12 de esos 28 días no se matara ninguna ballena. Desafortunadamente en los otros 16 días los balleneros mataron 123 ballenas. Con la presencia de Greenpeace en altamar, lejos estuvieron de cazar la cantidad necesaria para alcanzar su cuota fijada en el último encuentro de la CBI.